Es probable que, en algún artículo anterior a éste, ya os hablara de la bizarra psicología del sevillano y de la creencia generalizada entre sus habitantes de que, lo que sucede en Sevilla, no ocurre en ninguna otra parte del mundo. Aunque la excentricidad (afortunadamente, para los programas de zapping) llega a todos los rincones del planeta -y, si no, mirad a los americanos-, bien es cierto que lo de mi ciudad no es, ni mucho menos, normal. Burros en azoteas, indios en taparrabos, Risitas y demás fanfarria, Lopera y el Betis, un estadio olímpico abandonado, obreros de derechas... En Sevilla, todo es posible.
Sin duda, estamos especializados en eso de la videncia y el curanderismo. Españoles, nos debéis muchas carcajadas, muchos momentos cumbre del freakismo que han amenizado vuestra vida. Y es que, aquí, cualquier petimetre es capaz de ver a la virgen, de curar todo tipo de enfermedades con oraciones, de ver extraterrestres e, incluso, de hacer viajes intradimensionales. Eso sí, en conseguir dinero a cambio, tenemos un master porque, si bien tenemos que hacer el tonto para ganarnos la vida, que por lo menos esté bien remunerado.
Ya, en su día, el gran Alfonso Arus (a través de su ángel ejecutor, Cárdenas) nos reveló el increible potencial que la provincia tenía para engendrar curanderos sacacuartos. Para quién no haya tenido pasado o no lo recuerde, Carlos Jesús era (y es) un conocido curandero residente en un importante pueblo de la provincia, llamado Dos Hermanas. Era (y es) una especie de desquiciado con una visión de negocio muy en consonancia con la de un trilero de pura cepa. El alcance sanador del personaje es totalmente constatable en sus propias palabras: "Una de las cosas más bonitas -sigue diciendo- es la de poder quitarlos virus, he curado a un negro de SIDA y también puedo quitar los virus de las máquinas "ibe-eme-eme", como una empresa en que un técnico llevaba doce horas sin lograrlo. Miré al cielo y dije: "Jesús haz acto de presencia", puse las manos y pum, pum, en un momento, quité los virus de la máquina". (No coments). Según parece, antes de dedicarse a sanar personas y ordenadores, Carlos Jesús era electricista de profesión y, como muchos andaluces de su generación, tuvo que abandonar su pueblo para migrar a otros lugares donde ganarse el pan. Así, nuestro personaje recaló en la SEAT de Barcelona, el lugar donde, según parece, su historia cobró sentido. El culpable: un calambrazo que casi lo electrocuta. El resultado: un trabajador con ansias sanadoras intergalaxiales.
Para realizar sus curaciones, Carlos Jesús se transforma en Micael (o Micaé): "Yo expluso tres veces el aire afuera y entonces ya no soy yo. Cada persona ve a un ser diferente en mí, puede ser Jesús, María, Jacob, o a un ser con una especie de antifaz en los ojos (¿?¿?¿?)... Como los que salen en la película "Cocoon" (¿?¿?¿?), ya que somos hermanos gemelos, o en Cristofer, hijo de la extraterrestre que me enseñó y, espiritualmente, también mío, que es quien se encarga del mantenimiento de las naves (¿?¿?¿?). Ahora -cambia la voz- soy Micael, acabo de bajar de la nave. Carlos Jesús está en este cuerpo, pero quien os habla es otro". Las interrogaciones las he puesto yo.
No obstante, si de algo puede presumir Sevilla es de tener entre sus habitantes al máximo responsable del cristianismo. Y es que, desde hace algunos años, el verdadero Papa no vive en Ciudad del Vaticano, sino que reside en El Palmar de Troya, una pedanía de Utrera. Aunque parece ser que los asuntos de la Iglesia Palmariana andan un tanto revueltos tras la muerte del Papa Clemente y aunque la organización se ha ido extendiendo internacionalmente, todo sevillano que se precie conoce la historia de "La Voltio".
Parece ser que, en el citado lugar cercano a Utrera, tuvieron lugar una serie de apariciones (de estas de las que es experta Pitita Ridruejo). Lo que, en principio, parecía la recreación del Milagro de Lourdes, con cuatro niñas traviesas de protagonistas, cambió totalmente de rumbo cuando hizo su aparición estelar, en aquellas tierras, Clemente Dominguez, alias "La Voltio" (apelativo muy almodovariano). Tras vender a los crédulos parroquianos que la virgen se le había aparecido unas cuantas de veces, se hizo estigmatizar, recibiendo la censura de la propia Iglesia Católica. Tras este rechazo, y la consiguiente excomunión, Clemente excomulgó, a su vez, a la cúpula vaticana y fue nombrado Papa, con el nombre de Gregorio VII por un sacerdote vietnamita (ojo al dato), afín a la causa.
De película. Actualmente no tanto, pero en sus momentos de apogeo la Iglesia Palmariana movió cantidades ingentes de dinero, provenientes de familias de alta posición afines al franquismo. No en valde, Clemente canonizó no sólo a San Francisco Franco, sino también a San Jose Antonio Mártir, a San Adolfo Hitler, a San Cristóbal Colón y a otros tantos. Gracias a estas familias, el patrimonio de la organización creció de tal manera que les permitió construirse, en medio de la nada, una enorme catedral símbolo de su fe (la de la fotico). Actualmente, desarrollan su actividad, príncipalmente, en el extranjero... ya que, parece, que aquí, lo de "La Voltio", no se lo cree nadie.
Por último comentaros que también excomulgaron a otros muchos: al papa Juan Pablo I, al Rey Don Juan Carlos y (esto no es coña) a todos los que habían tenido la oportunidad de ver Jesucristo Superstar. Por lo tanto, hemos de suponer que Camilo Sesto, posiblemente, termine siendo el anticristo. Ya le veía yo un poquito cara de Muñeco Diabólico.
(Y todo esto en Sevilla, ¡oiga!)