viernes, abril 13, 2007

Cadenas

Creo que fue en un libro de Jostein Gaarder donde leí que, en la mayoría de los casos, no somos conscientes de la suerte que tenemos de haber nacido. Tenemos un miedo innato a la muerte, a desaparecer, a no llegar a ser trascendentes para nuestra prole, a caer en el olvido. Tenemos miedo a morir in media res. Desde pequeños, nos enseñan que la función sólo termina en el último acto; al fin y al cabo, somos protagonistas de nuestras vidas. Además, todo el mundo sabe que los protagonistas no mueren y, si lo hacen, sólo dejan de existir al final, escasos segundos antes de que acabe la película. Sin embargo, no siempre eso es así. La muerte es algo con lo que convivimos cada día. Es, sin duda, nuestra única certeza. Y aunque no podemos saber cuando falleceremos, ya que peor sería conocer fecha y hora de nuestra defunción, no deja de estigmatizarnos el ser tan poco dueños de dicha certidumbre.

En cambio, no somos conscientes de que nuestra vida actual no depende más de su f
in seguro que de las infinitas condiciones previas que se han debido dar para poder llegar a nacer. Estoy vivo porque mi madre me engendró, porque mi abuela sobrevivió a la guerra y pudo tenerla, porque mi bisabuela no se murió de hambre y pudo dar de mamar a su hija... y, así, a lo largo de una eterna línea generacional. Sin saber de heráldica, puedo gritar a los cuatro vientos que mis antepasados sobrevivieron a las miles de enfermedades e infecciones acontecidas a lo largo de los siglos, que superaron las guerras, las hambrunas, la inquisición... Todos los que caminamos por la faz de la Tierra, somos fruto de una tácita selección natural: somos los más fuertes, los más listos y, sobre todo, los más afortunados.

Sinceramente, creo que nos debería provocar más vértigo la alta probabilidad que tuvimos de no nacer, que la única certeza que tenemos en esta vida. Somos la élite y no menos responsables que nuestros antepasados en la conservación de la eterna cadena generacional. Si muero aquí y ahora, truncaré la esperanza de miles de personas que esperan, en la oscuridad de los tiempos futuros, que yo viva. Por ello, en el momento en que nacemos nos convertimos en héroes, somos trascendencia y colaboramos en esa ancestral tarea que propicia que unos vivan y que otros no lleguen a ver la luz del sol.

Hay que agarrarse a la vida. Coger el toro por los cuernos, seguir en la brecha el tiempo que nos dejen, no perderle el pulso a la existencia. No pensar en el final, basarnos en nuestro increible principio: en la suerte que tuvimos en nacer, en la buena estrella de nuestros seres queridos por existir y estar junto a nosotros. Porque quizás algún día, mientras pasemos nuestras horas más felices, en nuestras mejores vacaciones o mientras hacemos el amor junto a nuestra pareja, pueda nuestra vida hacer ese funesto "click". Esa temible inflexión que será el principio de nuestra muerte, el final de nuestra función. A veces, ese "click" puede aparecer en nuestra niñez, en nuestra adolescencia,... una exposición demasiado prolongada al sol, por ejemplo, que deja en nuestras células el primer vestigio de una fiera enfermedad que nos amargará la vida dentro de treinta años o más. Otras veces, el chasquido se produce al final y en pocos meses nos consume. Mi "click" ha podido producirse ya, ¿quién sabe?...

2 comentarios:

Tony dijo...

Escapista, no me había parado a pensar en la suerte que tenemos de haber nacido pero me parece muyy positivo...

Aunque reconozco que me da miedo, aprendí hace muy poquito que la vida tiene sentido gracias a la muerte... Me explico: si supiesemos que vamos a vivir 200 años o, mejor aún, eternamente ¿disfrutaríamos del día a día? ¿VIVIRÍAMOS?... Creo que la respuesta es no, simplemente pasaríamos por la vida pero sin vivirla realmente... El hecho de que cualquier día podamos morir es lo que nos puede empujar a vivir realmente la vida...

Un besazo.

La Escapista dijo...

Bueno,

Realmente, sin el concepto de muerte no podría existir el de vida, al igual que la luz no podría existir sin la oscuridad. Percibimos gracias a los contrastes!! De todas formas, creo que es más positivo vivir desde la buena suerte que tenemos por haber nacido (con todas las cosas en contra que han existido para que esto no pasara) que pensar en que el sentido de nuestra vida solo lo da nuestra propia destrucción... no?

Besos!