domingo, abril 01, 2007

Domingo de Ramos

Siempre he pensado que las tradiciones son totalmente irracionales. Por eso, a la hora de intentar comprenderlas, no hay que analizarlas desde un punto de vista racional y objetivo, sino desde la emoción y el hondo sentir que despiertan en el pueblo. Del mismo modo, los que llevamos en el corazón las tradiciones de nuestra tierra debemos ser conscientes de la incomprensión que estas prácticas pueden despertar en un público "lego" y, si somos respetados, respetar. Es fundamental explicar, intentar conseguir que las tradiciones sean accesibles a todos, independientemente de la edad, la religión o el estatus del que mira.

Hoy es Domingo de Ramos. Un día grande para mi ciudad. Desde muy pequeñita, este día despierta en mí sentimientos encontrados. Aunque soy una agnóstica convencida, sinceramente, siempre me han despertado cierta envidia (sana) las personas que creen en algo y ven, en la religión, el sentido a su existencia. Los respeto profundamente, aunque no pueda comprender lo que ellos comprenden, aunque no pueda ver lo que ellos siguen sin ver... Muchos sevillanos son capaces de ver algo en las procesiones que inundan las calles del centro de la ciudad, durante estos días. Son los que, fieles a su tradición, se santifican delante de determinadas imágenes o andan descalzos su promesa en la fila interminable de capirotes que antecede a un paso. Otros muchos acuden a la llamada, sin santiguarse, sin observar, en aquellas tallas de madera, otra cosa que la maestría de un imaginero o el arte de la seguidilla.

Ya pertenezcan a un bando u otro, son muchísimos los ciudadanos que se congregan en las calles, se hacinan, alrededor de sus santos, contemplándolos con estricto respeto, en la lejanía. Siempre he pensando que en todas esas miradas, en todo ese sentir, en todo ese calor que se desprende de esas personas que allí se citan con su fe, con su admiración o con su añoranza, debe existir algo. Un sentimiento común, de hermandad, de respeto, de unión que nunca debería extinguirse.


Siempre me he preguntado qué hubiera ocurrido si mis padres no me hubieran inculcado, desde muy pequeña, esta ancestral tradición; si mis tíos no me hubieran enseñado la diferencia entre el paso de "costero a costero" o el significado de la palabra "bambalina". Quizás, en días como hoy, cuando contemplara, de pasada, cualquier procesión (de la que probablemente desconocería su nombre) no me emocionaría y no me rodaría una lagrimilla desde el ojo a la mejilla. Y es que son muchos años esperando la llegada de una hermandad, son muchos años deseando que no lloviera, muchos años contemplando cierta procesión en un lugar determinado, de la mano de alguien tan especial que su recuerdo te durará de por vida. Sé que muchos me calificarán de carca, poco moderna.... En mi ciudad está mal visto declararte demasiado seguidor de la Semana Santa. Conocer detalles más específicos, tener datos más amplios que los que tiene el ciudadano medio, es sinónimo de freakismo. En Sevilla, es mejor y más lícito elogiar a su Feria que a su otra semana grande.

¿Y por qué? Me lo he preguntado siempre. Durante mis años de experiencia y de reflexión acerca del tema, he llegado a la conclusión de que la Semana Santa, desde hace mucho tiempo, se ha convertido en algo más; que ha trascendido. Aunque para muchos conserva su significado religioso, otros -quizás un grupo más extenso de ciudadanos- la llevan en su corazones como vestigio de una entrañable infancia, como identidad de su querida ciudad o como exponente del patrimonio histórico y cultural sevillano. Muchos, entre los que me incluyo, disfrutamos acudiendo a la cita de todos los años, emocionándonos con el sentir, con la música, con el olor del incienso y de la cera quemada, y aplaudiendo, sin duda, a todo el arte que se encuentra en esas cuadrillas de costaleros. Sin duda, la Semana Santa aporta mucha intranquilidad y confusión en muchos corazones.

A continuación, os dejo un vídeo -por si tenéis curiosidad- de uno de los pasos que mejor anda en Sevilla. Se trata de la Hermandad de San Gonzalo, trianera de pura cepa y estandarte de lo que se conoce como el paso trianero que es muy diferente al de las cofradías de Sevilla. Si os fijáis, es un paso de misterio (es decir, representa una instante específico del Nuevo Testamento) que nos muestra la comparecencia de Jesús ante Anás. Es totalmente perceptible en el vídeo cómo se adapta el paso de los costaleros a la música. Seguro que pensaréis que es poco consecuente con la ocasión que un paso "baile" al son de la música pero, viéndolo desde el punto de vista profano, ¿os haceis una idea de lo dificil que es llevar a cabo ese nivel de compaginación, las horas de ensayo, lo que tiene que pesar? Mucho arte hay en Sevilla. En este caso, en Triana.



Y, ahora, ¡den rienda suelta a sus críticas!

3 comentarios:

joerace dijo...

Yo no puedo escribir aqui una crítica, porque en parte sí entiendo lo que relatas en tu entrada. Me he dado cuenta (bueno, ya lo sabia, claro, pero he "visto la relacion") cuando has escrito sobre lo mucho que te maravillan estas personas que "creen" en algo. Yo soy uno de ellos. También me declaro agnóstico en lo que a la religión se refiere, básicamente porque tengo la mía propia. En esa religión, casi todos los días, hablo conmigo mismo, entro en contacto con mi "yo interior", encuento la paz que el resto del día me suele negar, busco, me pregunto y me contesto. Asimismo, esta "religión" está más entroncada de lo que parece con todas estas expresiones católicas y fervorosas de las que hablas en tu entrada. Hay ritos, como levantarse a una determinada hora el día "del espectáculo", desayunar de una determinada manera, pensar y reflexionar sobre cuales serán los pasos a dar...
También hay una expresión en forma de espectáculo para las masas. La gente nos mira, nos sonrien, nos dan ánimos, nos aplauden. El dia señalado de convierte en un dia de fiesta. Para todos. Para los que participamos y para los que nos vienen a mirar, a animarnos, a darnos ese pequeño o gran empujon que nos ayuda a llegar a la meta.
Correr es mi religión. Es en lo que creo. Conozco personas que ha superado grandes baches en su vida, que han dejado de llorar, que han vuelto a sentirse seguros, queridos, que han vuelto a levantar la cabeza y a caminar con orgullo gracias a esta cosa aparentemente tonta de poner un pié despues del otro y trotar. He visto a personas que definiríamos como aparentemente seguras, incluso intimidatorias, en la vida normal, llorar al cruzar la meta, agacharse para tenderle una mano al que cree que ya no puede más y olvidarse de sus objetivos, del tiempo que pensaban hacer o cualquiero otra cuestión solamente para ayudar a ese desconocido a cruzar la meta, a dar sus últimos pasos, a darle nuevas fuerzas. Si eso no es piedad verdadera, yo no sé lo que es.
Es difícil de explicar para el que no lo vive, y aunque a mi me cuesta entender todo lo relacionado con la semana santa , con sus procesiones, con su manera de ser vivida y entendida, hoy me ha resultado un poco más fácil, puesto que, a medida que iba leyendo tu entrada, he encontrado la relación inesperada con "mi religión" (y la de muchos otros).
Como decían en una película, hay que creer en algo. Puede ser Dios, el Papa, tu familia, la Tarta de Manzana o los Pinchos de Tortilla. Pero es necesario creer porque a partir de eso encontrarle (o inventarte, que para el caso es lo mismo) un sentido a lo que te rodea, y a ti mismo, resulta un poquito, solo un poquito , más fácil.

Tony dijo...

Aunque no soy practicante, me impresionó muchísimo la Semana Santa sevillana cuando estuve por allí hace unos años...

Muyyy emocionante... Como también tu artículo por cómo lo "vives"...

¡¡Enhorabuena, escapista!!...

Un beso.

Miguel dijo...

Te dejo un enlace sobre la pascua

http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/cultura/pascuas/

Siempre me ha gustado el tema del origen de las festividades.