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miércoles, junio 18, 2008

La peor película del año

No me hacen falta 6 meses más (los que quedan para terminar el año) para proclamar a los cuatro vientos que "El Incidente" (o "The happening") es la peor película de 2008. No voy a incluir ningún tipo de spoiler ni nada por el estilo: quien tenga curiosidad, que vaya a verla y juzgue. Sólo os diré que es un gasto innecesario y de esos que, después, cabrean haber realizado.

Creo que "El Incidente" es una de las película que legitima la filosofía del pirateo. Es decir, que da sentido a que la gente se descargue cosas desde sus casas e incluso al top manta. Como bien he leído en algunos foros sobre la misma, es el tipo de filme que debería castigarse con una descarga masiva vía internet. Un artículo en mal estado que no debería ser comprado. Una especie de droga estúpida, que sólo debiera obtenerse mediante vías ilegales.


Ante todo, es una situación tremendamente injusta para el público. Por un lado, la SGAE se vuelve una leona en celo porque, supuestamente, robamos a sus autores hasta en las orquestas de bodas y comuniones, pero, por otro lado, nosotros, los consumidores de media en masa, no tenemos ninguna protección ante ciertos contenidos de baja calidad (de muy baja calidad). ¿Qué podemos hacer ante eso? Porque, aunque suene realmente mal, no todos los tipos de mierda son comestibles.


La pregunta inicial es: ¿Hay películas que merecen lo que cuesta un dvd o una entrada de cine? (Respuesta) Posiblemente sí, algunas cuantas merecerán semejante esfuerzo por nuestra parte. Sin embargo, la gran mayoría de ellas son de tan mala calidad que, sin lugar a duda, no lo valen y, en ello, recae la injusticia de este mercado.

Pongamos por ejemplo la película que hoy nos ocupa. Respaldada por la larga (y desigual, también hay que decirlo) trayectoria de su director, M. Night Shyamalan, y por un no menos que llamativo teaser, decides, realmente convencido, ver la película. Cuando entras en la sala, no sabes si te has equivocado de película o es que los encargados de la proyección están reproduciendo el último espécimen del sábado a las 4 de la tarde en Antena 3.

Es sin duda, una estafa. Una gran estafa. Pero como animales de costumbres, como borregos que somos, en último término, nos contentamos con poner en nuestra cabeza pensamientos en la línea de: "a mi no me ha gustado, eso no quiere decir que sea mala", "te expones a que te guste o no", "al fin y al cabo son solo unos euretes"...Y pasas, sin remedio, por el aro.

Pero luego llegan películas como "El incidente" y toda tu paciencia de borrego sucumbe ante la cara infumable de Mark Wahlber. Por momentos, t
e vuelves antisistema total. Y aunque no puedes hacer nada más que aconsejar a tus pocos lectores de tu desconocido blog que no la vean bajo ningún concepto, da coraje eso de tener que aguantar a los cuatros pelagatos de siempre acusando, a medio país, de ladrones, por adquirir un DVD virgen o un disco duro externo. Que me devuelvan el dinero ¡joder!

martes, diciembre 04, 2007

Okupas

Es posible que, durante esta última semana, los sevillanos hayamos pronunciado la palabra OKUPA más veces que en todos los años de nuestra vida. Que si nos cortan el tráfico, que si nos colapsan el puente con más afluencia de la ciudad... A mediados de la semana anterior, desgraciadamente, tuvo lugar el desalojo de uno de los enclaves más señeros del Movimiento de Okupación en Sevilla. Hoy en día, debido al triste acontecimiento, muchos sevillanos son más conscientes de que un estilo de vida más solidario y justo es posible.

No voy a engañar a nadie. Todos los que me habéis leído un poco sabréis de qué pié cojeo. Aún así, no es mi intención hacer de este blog un panfleto político. No. No obstante, supongo que, por aquí abajo, tras el desalojo de Casas Viejas (el clausurado centro) los estómagos de más de uno se han agitado, después de escuchar ciertos comentarios, opiniones y demás estupideces que no salen de otro lado que del desconocimiento y del miedo a lo diferente. Porque aquí malos-malos no somos, pero si que somos burros de cojones.


No es, tampoco, éste el lugar para discutir si la propiedad privada debería existir o no. Bien es cierto que, en este mundo, hay muchos que tienen demasiada tierra y otros (entre los que me incluyo) que no tienen donde caerse muertos. Hay muchas injusticias, mucha gente que no llega y otros a los que le sobra. Sin embargo, pocos españoles pueden renunciar al sueño de tener en propiedad un trocito propio de tierra por muy pequeño que éste sea. Somos así de fetichistas.

Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la propiedad privada no sólo está deshabitada, sino abandonada, ruinosa y muerta de pena? ¿qué ocurre con todos esos inmuebles que duermen un plácido sueño en la inmundicia, que son basureros estáticos e inservibles, que esperan despertar, en un futuro próximo o lejano donde su propietario pueda especular lo suficiente con ellos como para devolverles una utilidad? En estos inmuebles actúa el movimiento okupa. No son ladrones de hogares ni amigos de lo ajeno, no son yonkis, ni indigentes... Son personas que creen en otro tipo de sociedad, en otro tipo de organización y en otro mundo posible. Dan vida a edificios muertos y desarrollan todo tipo de actividades sociales. Gracias a su trabajo, se autosubvencionan y benefician, con su presencia, no sólo al barrio que los acoge sino a la ciudad donde se asientan.

¿Y por qué tanta mala fama?

Mientras que organizaciones tradicionamente más en la sintonía de ideologías de derechas y del capital encuentran fácilmente el apoyo del gobierno y la comunidad, organizaciones como la Okupa, que se desarrollan en el seno de otro tipo de ideologías, estilos de vida y estéticas, son rechazadas, desahuciadas y poco reconocidas. Llamadme neurótica pero parece que, en este país, no está todavía bien visto ser de izquierdas más de la cuenta.

Muchos somos los que creemos que el Ayuntamiento de Sevilla, y el alcalde chufla que tenemos, no debería frenar la labor de tantos años de Casas Viejas y encontrar una solución que satisfaga a todas las partes en conflicto. Que dejen, por favor, de decir tonterías y de ofender la ideología y la filosofía de vida de las personas. Que dejen de llamarlos "afines al ambiente aberzale", para demonizarlos, sabiendo conscientemente lo que para la mayoría de la gente por estas latitudes puede significar esa palabra. ¿O es que va a ser, ahora, que defender la libertad de autodeterminación de los pueblos es un delito?

En definitiva, ¡Dejen a la gente vivir en paz
! Que en esta ciudad y en este país, hay muchos lugares mejores donde ponerse a limpiar. De eso estoy segura.

lunes, octubre 15, 2007

Comandante

Donde estés
si es que estás
si estás llegando
aprovecha por fin
a respirar tranquilo

a llenarte de cielo los pulmones.
(Mario Beneditti, 1967)


Esta entrada será corta.

La semana pasada se cumplieron 40 años del asesinato de un gran hombre que vivió y murió luchando por sus ideas, defeniendo con uñas y dientes hondos principios de dignidad y libertad. Fue mi gran inspiración durante una lejana época en mi vida, fueron muchas horas las que dediqué a conocerlo. Por ello no quería dejar pasar la ocasión para recordarle, junto con estos magníficos versos que el poeta dedicó al gran Ernesto Guevara.

Aquí se queda la clara/ la entrañable transparencia / de tu querida presencia/ Comandante Che Guevara.

lunes, octubre 08, 2007

Basura

Si todavía no os habéis enterado (afortunados ascetas) ya es hora de que sepáis que las noches sabáticas de Telecinco -la cuna de la llamada telebasura- ya no están dedicadas, en cuerpo y alma, a hablar del mundo del corazón. Desde hace algunas semanas, se emite un nuevo espacio multidisciplinar, de esos que tanto gustan ahora, donde se tratan todo tipo de temas que van desde la última pelea del gran hermano, hasta la muerte de un chaval en un campo de futbol, pasando por la última ruptura del famosete de turno. En definitiva, lo mismo de siempre –cotilleo, amarillismo y demás casquería- pero rodeado por una especie de halo de seriedad e imparcialidad que ni el CSI.

En algunos aspectos, podría colar eso de incluir a una “semi-presentadora” entradita en carnes, de mediana edad, poco atractiva, para infundir cierta trascendencia a los temas, sin embargo, cuando descubres que el nuevo formato ha reciclado, ha sacado de su nauseabundo lugar de fermentación del que nunca debieron salir, a dos mastodontes de la parcialidad y la frivolidad, empiezas a sentir tremendas arcadas. Es decir, cuando ves sentado a un lado del presentador a un personaje de la catadura moral de Alfredo Urdaci (u-erre-de-a-ce-i) y a esa eterna hija-de-mamá-pose-de-becaria-hasta-los-restos que se llama Terelu Campos, te das cuenta que te estás tragando la misma clase de bazofia que antes pero con un salsa de tipo-agridulce que todavía da más asco.

Por tanto, no me sorprendió, como comprenderéis, que, el fin de semana pasado, invitaran a tan excelso espectáculo a uno de los señores, a mi enteder, más despreciables del mundo periodístico: Luis María Anson; antaño director de ABC, actualmente, máximo responsable del diario La Razón: ese fantástico, imparcial y veraz exponente de la cultura de este pais. Desde mi punto de vista, la reencarnación misma de Tortuga Duende o del abuelo de Ranma, sólo es llamado para tres temas en cuestión, que domina con inmensa maestría: la defensa a ultranza de nuestra futura reina, el odio a lo rojo y el amor a las jovencitas de buen ver (sin duda, su punto débil). En La Noria, además de tirarle los tejos descaradamente a la hija de la Campos, aprovechó también para hablar sobre la inestimable profesional que fue Letizia, mientras trabajaba bajo sus órdenes en ABC, honor que compartió con el mencionado U.R.D.A.C.I -adalid de la veracidad- que también fue el jefe de la princesa, en esa oscura época suya en la Primera (por no decir vergonzosa época). Fue el presentador, con un par de genitales, el que le preguntó a Tortuga Duende si había existido, hace cientos de años, algún tipo de complot para expulsar del gobierno a Felipe González. Luis María contestó así:




Primero, alaba al Sr. González, luego lo compara con Franco, luego dijo que no hubo pacto, para más tarde exponer que hubo una táctica de acoso y derribo, para hacerles comprender a los españoles que era necesario el cambio. ¿Senilidad? No. Una imparable verborrea del augusto señor para finalmente concluir que, como todos sabíamos, hubo un complot de la prensa del lado diestro para expulsar del gobierno de España al, según el propio Ansón, mejor político español del siglo XX. Einnnnn??

Aunque no aparece en el vídeo, seguidamente le preguntaron si le parecía honorable eso de promover la caída de un gobierno y de intentar influir en la opinión de los españoles, a lo que contestó que el país, a pesar de sus triquiñuelas tramposas, tenía la suficiente conciencia política como para tomar decisiones libres y argumentadas. “Trabajamos mucho para que el pueblo español entendiera que era conveniente el cambio”…

¿Sólo a mí me parece extremadamente peligrosa esa frase? ¿Quién es este señor o su compañero en faenas de colorida mujer y corbatas para “hacerme enteder a quién debo votar”? ¿Acaso acertaron con el cambio? ¿Para qué leemos periódicos? ¿Para informarnos o para aleccionarnos? Está claro que en ese plató estaban encarnados el pasado y el presente de la tergiversación periodística española: El Sr. Anson y D. Alfredo Urdaci. Luego llamamos a ciertos programas “basura”, cuando algunos periodistas podrían entrar de cabeza en el mismo negro y nauseabundo saco. Sinceramente, no sé qué será mejor: ver el Gran Hermano o leer cada mañana el periódico de este señor.

martes, septiembre 25, 2007

De lo comercial

Hace algunos días, un buen amigo me confesó -no sin cierto resquemor- que le gustaba muchísimo la última canción de David Bisbal, "Premonición". Con un gran sentido de culpabilidad, me habló de cómo, cuando la escuchaba camino del trabajo, en la radio del coche, experimentaba algo parecido a lo que les ocurre a los del anuncio del SEAT Ibiza con Shakira: flipaba en colores. Lo más sorprendente de todo es que yo me sentía igual que él; también me encantaba la canción de Bisbal pero no tuve las agallas suficientes para reconocerlo en público.

La verdad es que, a menudo, intentamos esconder ciertos gustos que, socialmente hablando, no nos convendría tener. Procuramos correr un tupido velo en torno a aquellas cosas que muchos considerarían “raras”, “comerciales”, “carcas” o “inútiles”. Si compartimos ciertas aficiones y gustos con la gran mayoría, pasaremos a formar parte de esa masa estúpida y deforme que todos odiamos tanto y, en cambio, si coincidimos, en cuanto a preferencias, con un grupo reducido de personas, probablemente, nos llamarán freaks que, hoy en día, es uno de los peores insultos que te pueden echar a la cara.

Contando con que “ser freak” y tener “gustos de freak” (sin meter en el mismo saco, por supuesto, a los seres patéticos de la telebasura) puede ser la actitud más sana e inteligente que pueden adoptar nuestros jóvenes, hay que tener claro que, en esta vida, no hay que moverse absolutamente en lo blanco o en lo negro. Sí. Hay que ser coherente y consecuente –o al menos así lo aprendí yo- pero no hay que obcecarse en nada. No hay que considerarse o considerar a alguien estúpido por escuchar algo que escuchan todos o que no escucha nadie, ya que lo verdaderamente poco inteligente es escuchar, por credo, siempre, la misma música o defender cierto estilo o época músical como si se te fuera la vida en ello.


Me sigo preguntando: ¿Qué hay de malo, pernicioso, raro o estúpido en escuchar a alguien como Bisbal? Y lo menciono a él, pudiendo hablar sobre miles de “parias” comercialoides, musicalmente denostados, que se bañan en dinero líquido a pesar de las muchas críticas. ¿Es malo escucharlo porque le gusta a mucha gente; porque le falta originalidad; porque tiene mucho dinero; porque sus letras son ligeras o porque es un triunfito? Pensamos que no es un comportamiento inteligente y adulto, sin embargo no nos percatamos de que, lo verdaderamente interesante es escuchar de todo. Es por ejemplo, disfrutar bailando el “Toxic” de la Spears, a la vez que se te pone la piel de gallina al escuchar un aria de la Callas (¡Qué grande!)

Y es que, en esta vida, no todos son John Lennon o Bruce Springteen, no todos cantan como Mercury o como la Callas… Sin embargo, en el espectro musical muchos tienen cabida. La mayoría de las veces, incluso, nuestro cerebro lo necesita: Asian Dub Fundation para no dormirte en un viaje, un disco de Enya para empezar a soñar. No siempre nuestro coco ansía leer a Dostoievski o a Joyce, muchas veces preferimos algo más ligero pero menos profundo con lo que, simplemente, disfrutar: una novela de Agatha Christie o el último bestseller cuya portada tanto te llamó la atención. Ahí mismo reside el encanto de una buena mente humana: saber apreciar una novela como “Crimen y Castigo” y, a la vez, disfrutar, como un niño, con la última aventura de Harry Potter.

Porque, en definitiva, uno no debe cerrarse nunca, ni a épocas ni a estilos. Me gustaría llegar a abuelita con un gran arsenal de gustos habitando, para siempre, en mi cerebro. Me gustaría que, entonces, me siguieran gustando tanto como ahora, tanto como ayer, libros, canciones, películas que leí, escuché o ví y que produjeron algo positivo en mí. Me gustaría, también, que no estuviera cerrada a las cosas diferentes (y no por ello menos buenas de las que existen hoy o existieron ayer) y que fuera capaz de empaparme de las últimas tendencias de mi existencia. Que mis cosas envejecieran dulcemente conmigo, y que mi cerebro nunca lo hicera y se mantuviera joven, dialogante y respetuoso con los gustos de mis nietos. Pensar que nunca existieron épocas mejores y que los que no supieron envejecer no fueron nuestros gustos sino los cerebros cuadriculados de algunos.
El conocimiento nos hace libres, amigos.

martes, septiembre 18, 2007

Que te parta un rayo

Creo recordar que fue en “La Ventana” de la cadena Ser donde, hace algunos días, se hablaba de las tormentas eléctricas y de los estragos que, durante la semana pasada, causaron en el país. Debo reconocer que me lo tragué de cabo a rabo. Ya no tanto porque los rayos, truenos y centellas sean algunos de los espectáculos que más me sobrecogen y emocionan, sino porque, sorprendentemente, hace tan sólo unos días, tuve constancia de que mi tatarabuelo murió a causa de una de estas asombrosas tormentas. Parece ser que al pobre hombre le sorprendió una buena tormenta en medio de un soto. Se intentó cobijar bajo un árbol y, desgraciadamente, pasó lo que tuvo que pasar. Mi tatarabuela, que presenció el terrible incidente, se volvió, literalmente, loca, lo que tuvo desastrosas consecuencias en mi familia. Fue, sin duda, una verdadera tragedia y, para mí, fue tremendamente inquietante el conocer que tan excepcional acontecimiento tuvo lugar a lo largo de mi árbol genealógico.

Y es que, hasta hace algunos días, el hecho de ser alcanzado por un rayo se me antojaba como algo fortuito y casi imposible. En Sevilla, si es raro que llueva, más raro es que acontezca una tormenta de estas características, por lo que, para mí, este tipo de sucesos se encontraba en el grupo de las cosas-que-te-cuentan-y-nunca-pasan. No obstante, parece ser que las muertes causadas por rayos son bastante frecuentes. De hecho, en Estados Unidos, más de 300 personas mueren anualmente de esta manera. Asimismo, algunos estudios atestiguan que desde 1941 a 1979, en España, 2.000 personas murieron por obra y gracia de un fortuita descarga eléctrica causada por uno de estos fenómenos. Y eso que no entramos ni en los heridos por encontrarse cerca del radio de acción del rayo ni en las consecuencias tecnológicas que muchas veces estas situaciones provocan.


Mi pobre tatarabuelo, hace ya casi 100 años, seguro que no sabía que una de las cosas que nunca se debe hacer, en caso de tormenta, es resguardarse debajo de un árbol. Es importante encontrar refugio en algún edificio o, en su defecto, agacharse lo máximo posible (nunca tumbarse) tocando el suelo sólo con la planta de los pies. Lo mejor sin duda, es observarlos, tranquilamente desde casa, a poder ser con una tacita de chocolate bien caliente entre las manos. Porque, desde luego, a pesar de las tremendas estadística, no debemos temer, sino admirar semejantes milagros de la naturaleza.

De hecho, no son tan letales. Parece ser que, si se dispone de la debida atención médica, el 80% de las personas fulminadas, sobrevive (aunque con notables secuelas físicas). De hecho, existe una morbosa estadística –que no sé si tiene algún tipo de validez- que fantasea sobre la posibilidad de que las personas que han sido alcanzadas por un rayo (y afortunadamente sobreviven a él) tienen más probabilidad de ser golpeadas por otro que cualquier individuo. A este respecto, es destacable la bizarra experiencia de Ray Sullivan: un guardaparques de Estados Unidos que, según parece, fue alcanzado 7 veces por diversos rayos entre 1942 y 1976 y que sigue vivito y coleando.


Y es que el campo, es uno de los lugares donde más se manifiestan este tipo de fenómenos. Es así que, debido a ellos, el golf ha pasado a ser un deporte de alto riesgo. De hecho, es la disciplina que más número de muertos aporta al panorama mundial. Los campos donde se practica dicho deporte se han convertido en auténticos para-rayos, por lo que, ante cualquier tipo de aviso de tormenta, los golfistas huyen, en auténtica estampida, dejando atrás palos, pelotas y diversión. Se tiene constancia que, desde 1959, más de 2500 golfistas han perdido la vida en Estados Unidos practicando su deporte favorito y que el número de heridos sobrepasa los 6.000, provocando este tipo de fenómeno atmosférico más muertes que las causadas por inundaciones, huracanes y tornados, en conjunto. Parece ser que los palos de los golfistas ejercen de improvisados para-rayos, siendo capaces de atraer rayos que se encuentran a más de 50 millas del lugar de impacto, dándose muertes totalmente sorprendes algunas, incluso, bajo un sol de justicia.


Así que, a partir de ahora, habrá que tener cuidado con desear que a algún golfista le parta un rayo… estadísticamente, le estarás poniendo dos velas negras, como bien dice ese gurú de la sapiencia que es la Bruja Lola.

martes, julio 24, 2007

La verdad duele

Es increíble la que se ha armado con la dichosa portada de El Jueves. Si con la cuestionable decisión de retirarla de todos los quioscos perseguían hacerla pasar desapercibida y borrarla de los inocentes y devotos ojos españolitos, han conseguido todo lo contrario. Hay que tener poca vista: a día de hoy la actitud "copulativa" de nuestros príncipes es, quizás, lo más visto en el país y parte del extranjero. Cualquiera diría que el juez del Olmo, en vez de hacer un favor, ha ahondado más en el supuesto agravio.

De este secuestro mediático, pueden sacarse en claro varias cosas:

El absurdo respeto de algunos hacia una familia de gorrones. Un vasallaje que los propios medios suponen que milita, abiertamente, la mayor parte de la población española (ejemplo de espiral del silencio). Al fin y al cabo, ya se vio, en su día, en "El español de la historia", que el rey Don Juan Carlos había sido el personaje más influyente per secula seculorum, y por votación popular, de este país (y Antena 3 no miente). Desde mi punto de vista, creo que, por lo que les pagamos anualmente a esta panda de chupócteros, no sólo deberían agradecer los muchos halagos sin motivo que se les dedican, sino también soportar las críticas, que son pocas pero muy acertadas.

Me pregunto si el juez Del Olmo hubiera retirado de los quioscos una caricatura (es que encima es una caricatura) de Yola Berrocal con el famoso de turno en la misma pose. Y es que parece que la monarquia no copula, ni va al cuarto de baño, ni se tira peos (me niego a decir pedos -es superior a mí-). Les pedimos con tanta insistencia una herederita o un herederito que, con tanta presión, no entiendo comó no se han vuelto frígidos. Sin embargo, ¿es posible que no toleremos imaginarlos en actitudes más cariñosas?. Es el antiguo tema de la doble moral: nos escandalizamos por ver a una pareja reproduciéndose, mientras que nadie se sobrecoge más de lo necesario cuando aparecen imágenes de una guerra remota, que deberían provocarnos de todo menos indiferencia. Y aunque el tema de las revistas con señores y señoras copulando es más antiguo que la luz, cambia el asunto cuando hablamos de princesas y príncipes. Porque, hasta lo que yo sé, en la mencionada portada realizan un acto realmente natural, sobre todo si lo examinamos desde el punto de vista de la postura.

A parte del atentado a la libertad de expresión y toda esa parafernalia, lo realmente indignante es el tratamiento que algunos sectores de la comunicación de este país le han dado a la noticia. Es bochornoso que el gremio de periodistas haya estado tan dividido en una cuestión tan relevante que exige una unión férrea contra las autoridades. Incluso, he llegado a oír que las asociaciones de caricaturistas reprueban la labor de un compañero. Es un tema peliagudo. Todavía, en algunos círculos, el respeto timorato a esta familia está más vigente que nunca, aún cuando tengamos que presenciar el deficiente servicio que actualmente nos prestan: a saber, las largas temporadas de la reina en el extranjero y la incapacidad del rey de hallarse mínimamente consciente en los actos públicos. Sin embargo, a pesar de esto, hay dos personas imputadas por un supuesto delito de injurias a la corona, que suena cuanto menos casposo, pero que puede acarrear hasta dos años de carcel.

Yo me quedo con esta frase: "¿Te das cuenta? Si te quedas preñada ¡ésto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!" A veces, la verdad duele.

sábado, julio 07, 2007

Las Nuevas Siete Chorradas

Es increíble el bombardeo mediático al que estamos sometidos con la dichosa elección de las 7 Nuevas Maravillas del Mundo. En Granada, tienen a todo el mundo revolucionado. Todos acreditan que han votado por La Alhambra y no hay nadie en el país que atestigüe que ésta no es la mejor entre las candidatas. Por mi parte, pienso que la elección ha sido acertada. Sinceramente, "el palacio rojo" es maravilloso. Granada entera es sublime. El concurso, desde antes que empezara, ya lo tiene más que ganado. Muestra de ello son los miles de turistas que cada año la visitan y son partícipe de su embrujo. No obstante, toda esta parafernalia me parece una tremenda chorrada. Una frivolidad estúpida, sin atisbo de imparcialidad ni en los métodos ni en los conceptos. En primer lugar, no todo el mundo tiene la misma oportunidad para votar. Es decir, contando que -a diferencia de Eurovisión- la gente de cada país votará a su propia maravilla, los monumentos que tendrán más votos serán aquellos que se ubiquen en los países más desarrollados, donde haya un nivel de vida mayor y un acceso más amplio a la tecnología. De hecho, en la preselección de nominados que se hizo hace varios meses, se obviaron maravillas impresionantes pertenecientes a esos países desconocidos y un poco dejados de la mano de dios. En segundo lugar, es evidente que la elección de las maravillas obedece a razones subjetivas y que existen diferencias abismales entre cada una de ellas. ¿Por qué se guía la gente? Me parece una aberración comparar las Pirámides de Ghizá, con la Estatua de la Libertad. (De hecho, no entiendo qué hace en esta votación la Estatua de la Libertad...) ¿Qué se prima? ¿La antigüedad y el misterio? ¿Como Stonehenge o Machu Pichu? ¿La arquitectura moderna? ¿Como la Torre Eiffel o la Ópera de Sydney? ¿O las hazañas de nuestros antiguos para construir impresionantes palacios como en el caso de La Alhambra?

Sinceramente, no entiendo cómo se pueden comparar realidades tan distantes. Es como cuando te preguntan si quieres más a tu padre o a tu madre. No hay posible comparación, los quieres a ambos por igual, no hay diferencia. Lo mismo ocurre con las maravillas, son todas (o casi todas) impresionantes en su campo. No son comparables entre sí. Es imposible.
Lo que todas tienen en común es que, en sus respectivos países, son elementos de referencia, símbolo y orgullo de sus habitantes. De hecho, alguna de las maravillas han sido escogidas por su valor simbólico, porque, digo yo, que en Francia hay muchísimos más monumentos más maravillosos que la Torre Eiffel... Pero como digo, cada uno en su campo. Si tomamos como premisa ese carácter nacional simbólico de estas maravillas, lo que se vota, por tanto, es qué país está mas comprometido con la causa, y que monumento tiene mayor cabida en los corazones de las personas que lo ven cada día. Nada más. Las personas, por tanto, no votan por Las Siete Nuevas Maravillas del Mundo, sino para que su maravilla sea una de ellas. Independientemente de su valía, me juego lo que sea a que la Estatua de la Libertad estará entre las elegidas y eso no es ni cultura, ni maravilla, es, simplemente, politiqueo. No habrán cosas más importantes en este mundo.

jueves, junio 28, 2007

Enamorarse de las personas

En su día, fueron muchos los que se escandalizaron al ver a un Alejandro Magno un tanto mariposón en aquella película tan polémica de Oliver Stone. Entonces, el oxigenado Collin Farrel se les antojó a algunos tan inquietantemente homosexual, que muchos empezaron a ver a la Antigua Grecia con otros ojos. Con ojos como platos, diría yo y es que eso de que una postura amatorio se denomine, popularmente, "el griego", viene de antiguo.

Los griegos no eran tan machotes como aparentemente se nos mue
stran en películas como Troya o 300 (¡qué hombres!). Es por todos sabido que, para los hombres de la Grecia Clásica, era tan normal compartir lecho con una mujer que con un hombre. Lo que muchos no saben es que, en lo que todos han visto vicio, reside una buena razón: en aquellos tiempos tan remotos, tristemente, la mujer tenía más en común con una mula de carga que con sus flamantes y aguerridos esposos. No quiero decir, por supuesto, que las mujeres no fueran ni inteligentes ni bellas, sino que, culturalmente, estaban tan relegadas que sus inquietudes intelectuales eran mínimas.

Igual que algunas noches de juerga y borrachera, podemos terminar durmiendo en el lecho de un individuo al que acabamos de conocer y con el que hemos mantenido una fugaz y limitada relación, los griegos actuaban de tal manera con sus mujeres. Sin embargo, cuando queremos mantener una relación más seria con alguien, buscamos afinidades, conversación, sentido del humor, inteligencia y personalidad, aspectos que pocas mujeres, en la Antigua Grecia, poseían. De ahí que ese tipo de relación estable y profunda sólo pudiera tenerla un hombre con otra persona de su mismo sexo. Y no sólo Alejandro Magno pensaba así, sino que dicen que, incluso, el sabio Platón no diferenciaba entre la carne y el pescado.

Hace algunos días, en el trabajo, una de mis compañeras comentaba con estupor la rapidez con la que se multiplicaba el número de lesbianas, achacando esta proliferación a lo mal que está el panorama actual para la mujer heterosexual. Sinceramente, no tengo ni ide
a si la lesbiana nace o se nace y si, en su inclinación sexual, tiene algo que ver el nivel actual del macho ibérico, sin embargo, estoy muy de acuerdo en eso de que las mujeres lo tenemos, últimamente, muy chungo.

Según habéis podido constatar en mis últimos artículos, actualmente, mi relación con el género masculino no pasa precisamente por sus mejores momentos, aunque, también sea dicho, no recuerdo un momento donde ésta fuera excesivamente buena. Entendedme, no me gustan las mujeres, adoro los culitos prietos masculinos, aunque eso implique que gran parte de la masa muscular destinada a ello limite la cerebral. Es una ley física, o pechuga o muslo, no hay un pack donde culo y cerebro se vendan juntos, qué le vamos a hacer. Hablando en serio, no me llevo bien con los hombres. Sencillamente, no los entiendo, no capto sus razonamientos y odio que ellos tampoco capten los míos.

Por ello, aunque me parezca (y os parezca) raro y, por momentos, imposible, he llegado a pensar si lo que nos está pasando ahora a las mujeres es parecido a lo que, antaño, les ocurrió a los hombres de la Antigua Grecia. Es decir, somos cada vez más independientes (económica y personalmente), tenemos igual o más formación que ellos y sabemos mejor que ellos lo que queremos en la vida. Nos pasamos media vida criticándolos con las amigas y, la otra media, enseñándoles cómo
deben tratarnos ¿Es posible que, cada vez, mujeres y hombres tengamos menos en común?

Lo admito, muchas veces me he preguntado si sería posible que llegara a enamorarme de una mujer. Reconozco que me da mucho miedo tener a veces la mente tan abierta y perder un poco el norte con este tipo de locuras. También pienso en mi madre y en el ataque al corazón que le daría viéndome aparecer con una chica de la mano. Aunque tendría gracia la situación. No lo sé. Así como los griegos se enamoraban de las personas con las que tenían mas afinidad, ¿sería posible que nos olvidáramos de ese componente estético que es nuestro cuerpo y nos fijemos en el alma de las personas, sean del sexo que fueren? Es un pensamiento totalmente bisexual, muy criticado por los heterosexuales. Enamorarse de las personas. ¡Un pensamiento bien bonito!

Enamorarnos de las personas; olvidarnos de nuestra faceta animal e instintiva, que tan malas pasadas nos juega, y mirar en el interior de las personas para encontrar a nuestra media naranja, nuestra alma gemela... a nuestro amor platónico. ¿Quién me dice que la persona que más me amará será un hombre? ¿Quién te dice que la persona que más te amará será una mujer? Quizás ese es el motivo de tanta desilusión, tantas rupturas, tantos divorcios. Quizás nos equivoquemos de perspectiva. Puede ser nuestro abanico mucho más amplio de lo que nuestro cerebro, a priori, nos indica. Enamorándonos de las personas seríamos más libres, mejores y más humanos.

No obstante, hay un problema: el sexo. Pero ya sabeis lo que dicen. Hasta que no se prueba...

¡Hoy todos somos gays!
¡Feliz día del orgullo gay!


domingo, junio 10, 2007

El mundo de Peters

Desgraciadamente, y aunque nos pese, en esta vida, todo es política. Nuestras existencias no están regidas ni por dios, ni por la luna, ni por los ciclos naturales del planeta; somos, en manos de los grandes mandamases del mundo, simples juguetes expuestos directamente a las consecuencias de cualquiera de las decisiones que quieran tomar. Asimismo, estamos sometidos a un brutal imperialismo cultural que es tan sutil y, a la vez, tan resistente como la tela de una araña. Los medios de comunicación, a lo largo del planeta, nos dan cada día una clase magistral sobre los modos de vida de la primera potencia mundial: conocemos al dedillo cada una de sus festividades, sus presidentes, sus formas de divertirse, sus estados y hasta podemos entonar, si demasiada dificultad, su idolatrado "oh say can you see...". Asimismo, pero en menor medida, conocemos los devenires de los países que se sitúan en la élite del capitalismo mundial. Sabemos qué monumentos nos podemos encontrar en París y tenemos constancia de muchos de los mercadillos que se suceden en la ciudad de Londres pero, en cambio, ¿sabemos cuál es el mayor monumento de Somalia o podríamos tararear el himno de Kenia?

La respuesta es no y, aunque nos cueste creerlo, este fenómeno no depende tanto de nuestra ingnorancia o de la falta de recursos de los mencionados países para darse a conocer, como del imperialismo cultural. Mientras que keniatas, somalíes y españoles podemos enumerar, fácilmente, muchos de los edificios más emblemáticos de Nueva York, los chavales estadounidenses todavía piensan que España es un apéndice de México. Y aunque la ignorancia del pueblo norteamericano nos haga menos gracia que chupar un clavo, la culpa no es enteramente de los anglosajones, sino de los discriminados flujos de comunicación entre paises. Pongamos un ejemplo: Estados Unidos vende su cultura (películas, revistas, modelos, moda...) a La India, debido, en parte, a su superioridad económica y a su desarrollo en cuestiones comunicativas. En cambio, las miles de películas que se llevan a cabo en La India no llegan, ni por asomo, a las pantallas norteamericanas y, mucho menos, a las españolas (no digamos ya a las keniatas o somalíes).

Aunque, a simple vista, parezca una tonteria, no lo es, en absoluto. Quizás, para nosotros -los españoles- el imperialismo cultural al que estamos sometidos no nos repercuta (aparentemente) más que en tener que tragarnos Halloween una vez al año o en añadir varias calorías de más a nuestra equilibrada dieta mediterránea. Sin embargo, para los paises subdesarrollados donde, mayoritariamente, la cultura norteamericana causa furor, el impacto es verdaderamente brutal. Imaginemos por un momento a un somalí -que posiblemente viva al mes con lo que nosotros nos gastamos en un café- viendo en una televisión (por que eso sí, la televisión y la cocacola llegan a todas partes) una serie estadounidense donde todo el mundo tiene dinero, vive en una casa fabulosa y no le falta ninguna de sus comidas diarias. Sin duda, la visión del éxito que puede tener este individuo en su cabeza está, desgraciadamente, tan lejos de su alcance que este tipo de visionados solo puede causar frustración y más subdesarrollo. Asimismo, ni que decir tiene lo que puede suponer tremendo bombardeo mediático yanki para la cultura autóctona del propio país.


Nos guste o no, estamos tan mediatizados que, a día de hoy, no nos podemos fiar ni de los mapas. Cuando nos viene a la mente la imagen del mundo, representada en un plano, solemos encontrar esto:

Se trata de la proyección de Mercator: la representación plana del mundo que se encuentra más extendida. Parece ser que eso de representar los territorios de la tierra en un trozo de papel no es tan fácil como inicialmente parece. El problema reside en que la tierra es redonda (achatada por los polos), lo que propicia muchísimas complicaciones a la hora de estimar las extensiones de los continentes. Cierto día del siglo pasado, un tal Arno Peters revolucionó el aparentemente aburrido sector de los cartógrafos aludiendo a las inexactitudes que se encontraban en la proyección de Mercator. Además, creó un planisferio alternativo más afín a las medidas originales de cada continente. Hizo algo así:

Diferente ¿eh?. Peters se basaba en varios aspectos:
  • Groenlandia vs China: En la proyección de Mercator parece que el tamaño de ambos territorios tienen un tamaño parecido. No obstante, China es 4 veces mayor que Groenlandia.

  • Groenlandia vs África: En la proyección de Mercator parece que África es semejante en tamaño a Groenlandia. Otro nuevo error ya que África es 14 veces mayor que Groenlandia.

  • Europa vs Sudamérica: En la proyección de Mercator parece que nuestro continente es igual (o incluso mayor) que Sudamérica, cuando Europa mide casi la mitad de Sudamérica.
Estos ejemplos confluyen en la idea fundamental del proyecto: las discrepancias entre norte y sur. En la proyección de Mercator parece que el tamaño de los territorios del hemisferio sur es menor que el de los territorios del norte. Es decir, parece que existe mayor concentración de tierra en el hemisferio norte que en el sur. Según Peter, no sólo se incurre en un error pensando de esta manera sino que se le hace un flaco favor a los paises en desarrollo, haciendolos parecer más pequeños de lo que realmente son ya que, los territorios del sur ocupan casi el doble que los territorios del norte.

¿Forma todo esto parte de un error de cálculo o tiene algún tipo de intencionalidad? Parece que no es descabellado pensar lo segundo. Cuando Mercator creo su planisferio allá por el siglo XVI, sus cálculos se derivaban de la percepción del mundo tomada mediante la navegación. A medida que nos alejamos del ecuador, los territorios se van desvirtuando, pareciendo, los territorios más próximos a los polos, mayores de lo que realmente son. Por aquel entonces, Europa era el centro del mundo y el hemisferio norte, la cuna del mundo civilizado, por lo que la percepción de este hemisferio norte, política y estratégicamente ,tenía más importancia en la representación del mundo. Los pocos cambios que se han producido desde entonces en el desarrollo de los países del hemisferio sur, han propiciado que esta visión tan desfasada del mundo esté todavía vigente. No es oro todo lo que reluce.

sábado, junio 02, 2007

Enlarges your penis

No estoy del todo segura pero creo que los viernes, desde hace ya algunas semanas, tras Callejeros, Cuatro ha optado por emitir una serie de programas dedicados al sexo. No me refiero a ningún tipo de formato porno o erótico-festivo, hablo de documentales relativos a la sexualidad y a la incidencia de esta en la vida del ser humano. El del viernes pasado trataba del alargamiento del pene y venía a confirmar que tanto e-mail spam con asunto "enlarges your penis" forma parte de una realidad latente. Ya sabíamos que el hombre da mucha importancia, quizás demasiada, al tamaño de su miembro. Muchos, incluso, llegan a traumatizarse y obsesionarse con el tema. El documental venía a decir que el alargamiento del pene no es sólo posible mediante tratamientos naturales (tipo masaje o ejercicios de estiramiento) sino que se puede solventar en un quirófano fácilmente.

No lo vi completo. Aunque últimamente mi relación con el sexo masculino no pase por sus mejores momentos, debo reconocer que no les tengo la suficiente tirria como para soportar más de una hora de imágenes de penes diseccionados, ensangrentados, mutilados y recosidos. Además, por algunos comentarios que más tarde trataremos, estaba claro que el documental iba dirigido directamente al público masculino. En definitiva, la misión del documento era informar a dicho sexo, a través de la historia de un chaval de 23 años que no sólo quería alargar su pene, sino también engrosarlo. Según parece, hoy en día, se sabe que es más importante la anchura que la longitud, y era, en este aspecto, en lo que más renqueaba el chico. Aunque su miembro medía 15 cm (tamaño más que aceptable, ya que la media se encuentra en 13 cm) el chaval estaba empecinado en llevar a cabo ambos retoques en su miembro viril, supuestamente, para aumentar su calidad de amante en sus relaciones sexuales.

Después de diversas mediciones en la consulta de un cirujano, se llegó a la conclusión de que no sólo se operaría al chico sino que la cirujía se complementaría con un tratamiento natural (para mí bastante rudimentario) que maximizaría los resultados. Este procedimiento posterior al quirófano, se basaba en unir el glande con la rodilla por medio de una cuerda. De este modo, el chico, al andar, al sentarse o al correr estiraría el miembro contínuamente con lo que ayudaría a alcanzar un tamaño mayor. Asqueada por las imágenes pseudo-gore-pornos que aparecieron frente a mis ojos, sucumbí y apagué la televisión.

¿Es necesario tanto sufrimiento? ¿Es el tamaño tan importante? Parece que para los hombres, por lo menos, sí, o esa era la hipótesis que esgrimía el documental. Aunque el hombre legitime su sufrimiento y su complejo sexual en pos de la satisfacción de la mujer (algo que en muchísimos casos no es una prioridad en el hombre), se sienten mal, realmente, por una percepción subjetiva. Es decir, cuando el hombre se mira en el espejo no se siente proporcionado ya que, culturalmente, su cuerpo no es lo que debería ser. Es de suponer que el cerebro del hombre después de años sometiéndose a todo tipo de pornografía y comparaciones de urinarios, se forma una imagen "engañosa" de lo que el cuerpo de un hombre debería ser. El pene, a diferencia de otras partes del cuerpo masculino, no crece en consonancia al tamaño general del organismo. Es decir, puedes ser bajo y estar bien dotado, o muy alto y contar con muchos centímetros de menos en la entrepierna. Parece ser que es ahí donde surge el problema. En el documental, por tanto, se concluía, con la sentencia de que el hombre no necesita tanto a un cirujano como a un psicólogo para resolver su problema. Por lo que instaban a los cirujanos que recibieran a pacientes con semejante problema a que despidieran de consulta a aquellos tremendos lunáticos deseosos de retocar su serpiente de un sólo ojo. Tiene miga el tema.

Los hombres se quieren operar sus miembros porque, culturalmente, está establecido que es preferible tener un pene grande que pequeño. Pasa igual con las mujeres. Nos operamos los pechos porque socialmente es preferible tener que enseñar si te decides por un escote. En toda esta dinámica influye, claro está, lo que piensa sobre el tema el sexo contrario. Los hombres creen a pies juntillas que las mujeres adoramos los penes grandes y orondos y nosotras pensamos que ellos prefieren las buenas delanteras.

No voy a entrar en el eterno debate sobre si el tamaño importa. Cada uno tendrá sus preferencias. Sin embargo, me niego a asumir que tengo que compadecer el trauma masculino. Ya está bien con la cultura de las narices. Nosotras nos depilamos, nos maquillamos, nos endosamos tremendos taconazos, intentamos mantenernos delgadas, limpias, presentables y, a poder ser, femeninas. Se presupune culturalmente que seamos así. Nos traumatizamos por no tener pechos grandes, nalgas bien plantadas, piernas de infarto... y, mientras tanto, ¿ellos qué? Para una cosa que consigue afectarlos, no voy a ser yo la que intente aliviar un sufrimiento irracional y que puede que no tenga mucha base científica. Que piensen lo que quieran. Llevan siglos intentando adivinar lo que se nos pasa por la cabeza, sigamos dejando en eterna incógnita el tema del tamaño. Que se sigan ruborizando al comparar en los baños públicos sus desiguales sexos, que sufran un poquito. Stop a la hiperprotección masculina. Pensad que una de sus miradas furtivas a los miembros ajenos y el posterior sentimiento de inferioridad no es comparable con un buen tirón de cera mensual en una de nuestras ingles.

lunes, mayo 07, 2007

Gitana, ¿tú me quieres?

"- Gitana tuh meh quiereh?
- Mah que a mí!"

¿Se ha enterado alguien de que han arrestado a Doña Isabel Pantoja Martín? ¿Alguien sabe que ha declarado ante el juez Torres y que ha salido en libertad, tras pagar una fianza de 90.000 euritos? ¿Es posible que alguien conteste con un rotundo "no" a estas preguntas? Amigos, estamos, con toda probabilidad, ante la noticia la semana, del mes y, diría yo, del año. La verdad es que, desde hace bastante tiempo, la autora de este blog se encontraba entre los españoles que aun se preguntaban qué hacía esa señora paseándose por la calle (normalmente sin sujetador) sin ni siquiera haber pisado un juzgado para declarar. Es de todos sabido que, los que duermen sobre un mismo colchón se vuelven de la misma condición y, parece ser, que, debajo del de Muñoz y Pantoja, se escondían nueve mil y pico de euros destinados, supuestamente, a los gastos diarios del chalé.

Asistiendo todos los días a lo que asistimos, a esa profusión de mandíbulas apretadas, a esa cola negra tirantona y esas miradas se basilisco, es difícil echar la mirada atrás y recordar cómo era antes esta mujer. Posiblemente, ya al principio de su carrera, fue una soberbiona de pro, bastante interesada y marisabidilla, sin embargo, muchos nos preguntamos cómo es posible, no sólo que a medio país le caiga fatal Isabel Pantoja, sino que haya llegado a formar parte de la mayor red de corrupción de la historia de España.

Debo admitir que yo me crié con la música de la Pantoja. En mi casa, siempre ha sido una institución. Tiene un soberbio disco, donde se hace acompañar por Luis Cobos y que está dedicado a la copla más ancestral y bella llamado La Canción Española. Es bastante probable que me sepa de memoria la letra de todas las canciones que aparecen en ese antiguo vinilo. Son versiones de clásicos de la Piquer, Marifé o Juanita Reina; clásicos que todos conocemos y que hemos escuchado, a lo largo de nuestra vida, en miles de voces. No obstante, nadie canta copla como la Pantoja y, actualmente, nadie mueve la bata de cola como ella.

Aquí donde me veis, tan neurótica, rarita y anónima, yo iba para artista. Me descubrió una monja, en una excursión que hicimos, con el colegio, a una fábrica de "La Casera". Si Marisol estuviera muerta, hubiera podido ser perfectamente su reencarnación. Los recuerdos se confunden, sin embargo, me acuerdo de un micrófono y de una señora que pedía voluntarias para entretener a la audiencia (mis compañeras, que comían con avidez bocadillos acompañados con gaseosa de lima-limón). Y me ofrecí yo, ataviada con el odiado uniforme príncipe de gales, a cantar por ya-sabéis-quién: La Pantoja.

Después de mi primera actuación, citaron a mi madre para tratar el tema. La monja que me descubrió le hablaba emocionada sobre mí y se desahogó abiertamente con ella sobre su juventud perdida y sobre una vocación imposible encima de un escenario. Allí, pactaron mi carrera que consistiría en cantar en las fiestas de fin de curso del colegio, vestida de flamenca, cantando temas que no tuvieran demasiado contenido sexual entre estrofa y estrofa.

Cuando me mudé de casa y me cambié de colegio, poco a poco fui perdiendo cariño a la copla y a la religión. Dejé de ternerle eternos celos a Paquirrín por poder subir con su madre a los escenarios, dejé de escuchar el famoso disco y de observar hipnotizada la bata de cola de Isabel. Sin embargo, todavía me acuerdo de ella y de aquellos tiempos, a pesar de que me cueste mucho ver más allá de su odio y su soberbia actual. Aunque cada vez su voz sea más ronca y le cueste llenar escenarios, aunque termine yendo a la carcel víctima de su propia codicia, sigue siendo una artistaza.

Repasando su vida, tampoco es tan difícil vislumbrar por qué se ha convertido en la Margaret Tatcher española: La muerte de un marido, una condición sexual -posiblemente- no admitida, relaciones poco estables, compañías de dudosa reputación, una madre que está hasta en la sopa y un niño putero y drogadicto. Con menos, yo me habría suicidado hace tiempo. Para colmo, lo de la operación Malaya. Próximamente, en el chalé "Mi gitana", habrá que poner un cartel de advertencia: cuidado con el doberman.

Nostalgias aparte, manda narices el tinglado que tenían montado en Marbella. Supongo que no sólo en allí la gente se enriquece. No obstante, parece que sólo allí existen usurpadores de lo ajeno. La ciudad malagueña escenario fiel de lo que diferencia a un ladrón de un chorizo. El ladrón roba y se enriquece, al igual que el chorizo. Sin embargo, la diferencia se encuentra en los fines que se les da al dinero robado. Mientras que los ladrones se comportan de manera bastante "discreta" bien porque son personas con más de dos dedos de frente o porque eran, antes de robar, suficientemente ricos como para que no se note demasiado su apropiación, los chorizos, en cambio, son de otra catadura. Normalmente suelen ser "nuevos ricos" (término que por cierto odio usar) que bien, por falta de luces o por exceso de "horterismo" en sangre, se gastan el dinero en todo tipo excentricidades: Bañeras de 6.000 euros, animales disecados a granel, colección de relojes propia del Rey Fa... Es normal que les pillaran, era cuestión de tiempo y, claro, de cojones. No me quiero ni imaginar cuánto dinero le habrá puesto la mafia rusa a la cabeza del juez Torres...

  • La Escapista es consciente que la palabra horterismo no existe y hace constar que, en la foto que corona su artículo, Isabel Pantoja no lleva sujetador (again!)

domingo, abril 29, 2007

Quiero ser prinZesa

Españoles:

Si habéis tenido la oportunidad de enteraros que la PrinZesa LetiZia estaba en cinta, os interesará saber que, tal como se esperaba, la susodicha ha dado a luz a su segunda hija. Alegraos porque tenemos, por tanto, a una nueva gorroncilla, carne de cañón de la prensa rosa, que vivirá a expensas de nuestro dinero sudorosamente trabajado. No sé en qué programa de televisión se sorprendían de lo económico que nos resultaba a los españoles mantener con vida a una Casa Real que proporcione glamour, polvo y caspa a nuestro país. Unos 21 céntimos al año le cuesta a cada español mantener el yate del rey, pagar los modelitos de la reina, proporcionarle unos buenos patucos a la Infanta Leonor y suministrar a LetiZia la poca comida que parece que engulle.

Esa cantidad mínima, casi irrisoria, bastante por debajo de lo que le cuesta a Zapatero un café, multiplicada por las cerca de 40 millones almas que pululan por este trozo de la piel de toro, se transforma -casi por arte de magia- en unos atractivos 8,4 millones de euros, que regalamos, por la cara, a esta singular familia. Este modesto sueldo, deja en pañales a los 9.000 euros mensuales que se lleva calentito, cada mes, el señor Rajoy, deja muy en segundo plano lo que se gasta el presidente en cafés y eclipsa, por completo, a aquellos 21 céntimos que cada español pone de su bolsillo.

Me pregunto cuántos millones de vidas se podrían salvar con esos 8,4 millones de euros; cuántas escuelas se podrían inaugurar, cuántos pozos de agua potable se podrían construir con tanto dinero. Sinceramente, me planteo cuántos niños sobreviven gracias a las recepciones del rey en la Zarzuela, cuántos hospitales inaugura la reina cuando se marcha de viaje solidario a África o cuántas enfermedades se curan gracias al precioso vestido, de aquel diseñador tan prestigioso y selecto, que lucía LetiZia el mes pasado.

Existe un apartado en los impresos de la declaración de la renta donde te dan elegir destinar un porcentaje de tus impuestos a la Iglesia Católica y su obra o a otras entidades benéficas. Como ciudadana española poco afín a la monarquía, exijo el derecho -mi derecho- a otorgar o no mis 21 céntimos a este arcaico legado. Me niego a mantener y alimentar a esta pandilla de aprovechados, a sus mujeres con complejo de conejas y a sus hombres con aspiraciones regatistas. Yo elijo dar mis 21 céntimos a una organización benéfica aún exponiéndome a que mi dinero se desvíe, aunque sea calderilla. Mis 21 céntimos sumados a los tuyos, que opinas como yo, se pueden convertir en una cantidad generosa y magnífica que ayude a la gente.

Sin embargo, nada cambiará. Algunos, incomprensiblemente, siguen valorando como positiva la existencia de la figura de un rey. Existe, todavía, un tácito vasallaje, un estúpido agradecimiento por el voto que el monarca dio a la democracia cuando murió el-que-no-debe-ser-nombrado. Muchos critican la buena vida que se gastan los borbones, aunque, por otro lado, compren a granel revistas en papel cuché donde sus yates aparecen retratados y estén en primera fila, banderita en ristre, cuando al príncipe le da por visitar su pueblo. Tenemos monarquía para rato en este país y, tristemente, poco trabajo para seguir manteníendolos.

Nunca quise ser reina, pero, sin duda, lo dejaría todo por ser princesa.

viernes, abril 27, 2007

Desnudas

A día de hoy, creo que el 99% de los españoles saben qué es "Cambio Radical". No obstante, si algunos andáis despistados, os avivará la memoria saber que se trata del programa en el que transforman a personas poco agraciadas en personas-poco-agraciadas-operadas. Desde que leí en el blog de Joerace su opinión sobre este nuevo invento televisivo, tuve muchísimas ganas de comentarlo en el mío. Al fin y al cabo, ya venía siguiendo la posible llegada de este formato a nuestras televisiones desde hace algún tiempo. No obstante, entre una cosa y otra, no fue hasta el viernes de la semana pasada cuando encontré una excusa realmente buena para abordar el tema en cuestión.

Antes que nada, debo confesar que, cuando se estrenó el programa, formé parte de esa enorme aundiencia confusa, curiosa, escandalizada y molesta. De aquel primer (y único) visionado, saqué dos conclusiones esenciales. Que una vez que has visto el programa, no es necesario saber más para conocer lo que te espera en las próximas entregas y que Teresa Viejo es, con diferencia, la persona más horrible que pulula por nuestras televisiones. Déspota donde las haya, desagradable, cruel y muy mala profesional, desde su púlpito, rodeada de personas infelices por su aspecto físico, predica con el ejemplo; está tan estirada que pronto la sonrisa le tapará las orejas.

Según mi punto de vista, la mayor parte de la gente, independientemente de su edad, sexo o madurez mental, tiene algún tipo de complejo. Supongo que todos nosotros tenemos ese detallito corporal que nos chincha a más no poder y que disimulamos en la medida de lo posible. No obstante, no deja de ser curioso el tema de los complejos. Mayoritariamente, la gente odia el tamaño de su trasero y cambiaría, sin dudarlo, su contorno pectoral o el tamaño de sus genitales. Sin embargo, ¿conocéis a alguien que se muera por tener más inquietudes intelectuales que leer la etiqueta del champú o que se desviva por poseer una postura frente a la vida un poquitín más abierta y tolerante? Soy de la opinión de que si te perturba algo hasta el paroxismo y si no tienes reparos a pasar por un quirófano para solventarlo, lo mejor es operarse y quedarse tranquilo. Al fin y al cabo, las operaciones estéticas están al orden del día. Si todavía no te pueden trasplantar un cerebro libre de complejos y tonterías, es mejor meter mano a otras zonas más específicas y salir del paso.

Sin embargo, esto no quiere decir que vea con buenos ojos "Cambio Radical". Primero, porque el formato promueve que la única solución para triunfar reside en operarse hasta el blanco de los ojos. En segundo lugar, porque cuando alguien accede a concursar en él, no sólo se le remedia el complejo más estridente de su fisionomía, sino que se le retoca todo el cuerpo, dando resultados bastante macabros. En tercer lugar, porque el programa no proporciona ningún tipo de ayuda psicológica pre y postoperatoria. Y, por último, pero no menos importante, porque frivoliza con el sufrimiento de los concursantes y de los espectadores que se encuentran en situaciones afines.

Realmente, ¿ayudan este tipo de programas a los concursantes? ¿benefician a los telespectadores o simplemente colman la necesidad morbosa del españolito medio? No soy una ilusa. No siempre el bienestar del concursante propicia la mirada curiosa del telespectador y, ni mucho menos, los programas se mueven en el altruismo. La dichosa audiencia siempre manda, los contratos publicitarios dependen de ella y, por lo tanto, el dinero. No obstante, supongo que existen formas moralmente más adecuadas para conseguir beneficios económicos, proporcionando, incluso, algún tipo de ayuda a la audiencia.

Es el caso de "Desnudas", el nuevo programa que Cuatro emite los viernes por la noche, después de "Callejeros". Frente a la moda de la silicona y el botox, este nuevo espacio promueve la búsqueda de la belleza desde la comprensión, el diálogo y el conocimiento del propio cuerpo. A diferencia de "Cambio Radical", en "Desnudas" sólo se resaltan las cualidades positivas de las personas, contribuyendo a elevar la autoestima. Se defiende el concepto de que la belleza es sólo un estado de ánimo y que para estar guapo sólo se requiere una actitud positiva. Todos nacemos con un cuerpo que, para bien o para mal, es nuestro. Lo importante del asunto reside en saber vivir con lo que tenemos, aceptarnos a nosotros mismos y gustarnos.

Del mismo modo, se proclama que la belleza también es un problema de percepción. Cada cuerpo y curva de nuestra fisionomía, es diferente a los del resto de los seres humanos. Lo que le pega a la bajita, no le pega a la alta (y viceversa). El éxito reside en controlar una serie de truquillos, disimulando las zonas menos agraciadas y haciendo brillar los aspectos más positivos. Conocer qué es lo que mejor te sienta es más importante que una buena liposucción. ¿Quién necesita ahora un cambio radical?

domingo, abril 22, 2007

Callejeros

No puedo precisar qué capricho del destino propicia que cada noche de viernes termine, con el rostro congestionado y los ojos como platos, viendo "Callejeros". Por si alguien no ha tenido oportunidad de verlo, os diré que "Callejeros" es un programa de Cuatro que se basa en la elaboración y emisión de reportajes de lugares bastante alejados de nuestra idea de existencia. Si un día sus aguerridos reporteros se encuentran conociendo de primera mano la situación de un poblado gitano, en otras ocasiones, podemos encontrarlos conviviendo con los vecinos de la Cañada Real o pateándose, sin tregua, uno de los barrios más críticos de Bilbao. Independientemente de lo que nos muestren, mi reacción cada semana es parecida a la de la mañana que sigue a una noche fiesta. Siempre digo que nunca lo volveré a ver; que mi estado anímico no es el idóneo para angustiarme más. No obstante, aunque intento llevarlo a cabo, no sé si por la escasa calidad de la programación de los viernes, siempre termino tragándomelo de cabo a rabo y con el corazón destrozado.

Puede ser que, últimamente, esté más sensible de la cuenta y que todo me afecte demasiado. No obstante, creo que a nadie le puede dejar indiferente el testimonio de una chica de 28 años, que ya lleva en su haber cuatro vástagos de diversos padres que, estando embarazada del quinto, vive en la calle, ejerce la prostitución y fuma en plata. Supongo que hay personas que están hechas de una pasta más dura y que yo, para qué negarlo, no tengo mucho mundo pero, lo realmente cierto es que, cuando termino de ver "Callejeros" y me voy a la cama, me siento TAN mal por lo que hay ahí fuera tan dejado de la mano de dios, que me duele pensarme "afortunada" por no formar parte de esos submundos que nos muestran sus reportajes.

Hay quien opina que las series televisivas que se desarrollan en el mundo de la sanidad (Urgencias, Hospital Central, ...) tienen un fin motivador. No hay que ser excesivamente hipocondríaco para preguntarse qué diantres puede haber de divertido en contemplar a gente enferma, familias que sufren o en conocer patologías de toda clase. Más allá del morbo y del atractivo de muchos de estos médicos de ficción, se encuentra una solución más simple a la pregunta: La mayor parte de nosotros volvemos a casa procedentes de trabajos estresantes, agotadores, poco productivos, poco inspiradores o frustrantes. Otras veces, la situación en nuestro hogares o en nuestra vida íntima no andan del todo bien. Sentarse en el sofá, encender la tele y contemplar los problemas ajenos, presumiblemente más graves que los que llevamos a cuestas, ejerce en nosotros un bienestar algo cuestionable moralmente hablando.

Los antiguos dicen que todo tiene remedio menos la muerte. Quizás sea ésta la máxima en la que se basan este tipo de seriales.
Supongo que ocurre lo mismo con "Callejeros". Nos hacen sentir agradecidos con la vida, afortunados con nuestra existencia. Sin embargo, lo que vemos cada noche de viernes en Cuatro, no es una ficción edulcorada y dramatizada. Somos testigos de una realidad latente, de unas vidas dolientes y sangrantes, de un mundo paralelo al nuestro que parece que se desarrolla en otro tempo. Nuestras vidas frenéticas, avocadas al trabajo, a los horarios cuadriculados y a las horas de sueño, se contraponen con las de los que habitan en esos mundos subterráneos que palpitan al ritmo de las drogas, el sexo más oscuro o la máxima desesperación.

Decidido: no volveré a verlo nunca más.

lunes, abril 16, 2007

La Golden Highway en Vespino

Hace algunas noches, en uno de esos zappeos para escapar de una buena tanda de anuncios, di, por casualidad, con Bienaventurados, un programa de Canal Sur -un tanto bizarro a mi entender- que vino a sustituir a los Ratones Coloraos de Jesús Quintero. Presentado por la inestable María Jiménez y su nutrido séquito de infrahumanos, el programa consiste en entrevistar íntimamente a personajes famosos de diversa índole. Para que nos entendamos: es uno de estos shows televisivos, donde la cámara es bastante propensa a los planos cortos. Tanta vela, oscuridad e intimidad sumergen al espectador en tal experiencia hipnótica que hasta los planteamientos de los famosetes más borderline, llegan a suscitar un cierto interés.

Como os decía, aquella noche, cuando por casualidad di con él, estaba siendo entrevistado Don Bertín Osborne, eterno galán español y paradigma del señorito andaluz allá donde los halla. Me resultó interesante que, con 19 años y mil pesetas en el bolsillo, el cantante dejara su casa para dedicarse, presumiblemente, al mundo del artisteo. Según cuenta, buscó trabajo, ahorró y, al cabo de un par de años, decidió hacerle una visita a cierta zagala natural de Los Ángeles (y no de los de San Rafael). El joven Bertín, ni corto ni perezoso, modesto donde los haya y un poco bruto -para qué negarlo- cogió su vespino, se recorrió toda la piel de toro, cruzó en un ferry el Canal de la Mancha y se embarcó, finalmente, en un barco rumbo a Nueva York. Lo realmente curioso reside en que, durante todo el trayecto, el cantante no se separó ni un minuto de su vespino, y una vez en territorio yankee, se cruzó el país de cabo a rabo montado en ella, recorriendo la mítica ruta 40, conocida, también, como The Golden Highway.

Particularmente, siempre me ha caído mal Bertín Osborne. Más allá de que el hombre tenga tanto dinero que no le hubiera hecho falta trabajar para vivir como un marajá, más allá de que siga llevando por bandera la asquerosa pose de señoritingo andaluz que tanto nos ofende a algunos, más allá de que sus discos y programas televisivos apesten, lo que realmente me desconcierta es esa falsa moral que lleva por bandera. Osborne, para muchos, siempre ha representado a el chico rebelde (tipo Miguel Bosé) que reniega de su familia y su posición para dedicarse a la farándula. Sin embargo, aunque esa rebeldía se traduce en su vida pública y profesional, a fin de cuentas, no deja de ser un pavo que no deja de beneficiarse de su altísima posición, de sus maravillosos caballos, sus bodegas, sus perros, sus tierras, etc. etc. etc.

No obstante, contemplando como hablaba, a la luz de las velas, sobre esa juventud pasada, a lomos de aquella vespino, no pude evitar pensar en cuanto me gustaría llevar a cabo su hazaña. Tener el suficiente valor como para coger carretera y manta y plantarme, un amanecer, en las puertas de Los Ángeles. No pude evitar pensar cuanto tiene que enriquecer el espíritu una experiencia semejante, como debe de calmar un viaje como este tus inquietudes por vivir la vida, por soñar, por disfrutar tu juventud. Sin embargo, a pesar de sus ideas rebeldes, yo no soy Bertín Osborne. No tengo un padre rico, ni una carrera que dejar de lado porque tengo el suficiente dinero como para no necesitarla... Siempre he envidiado a todos aquellos que escogen por voluntad propia pasar un año sabático, disfrutar, levantarse tarde y coger fuerzas para una eterna e intensa vida laboral. Sin embargo, esos años sabáticos solo los disfrutan los ricos, los que no tienen coche que pagar, ni un Macbook financiado, ni proyectos de independizarse... pero... ¿no sería estupendo poder salir corriendo?