De un tiempo a esta parte me siento como una extraterrestre. Como si no fuera de aquí, como si nunca pudiera serlo. Podría decirse que soy como un bicho raro. Me apetecen cosas que no se le pasó por la mente a nadie en 30 kilómetros a la redonda.Todo lo que me gusta es extraño para los demás, raro, mal visto o estúpido. Todo lo que les gusta a los demás es igual de insubstancial y insensato para mí. Quizás me equivoqué de época, de país, de profesión, de idioma. Probablemente no fui la que esperaban, la que se suponía que debía ser.Por momentos me veo en un increíble acelerador de partículas en constante movimiento. No soy la misma de ayer, ni seré la misma mañana. Mi pensamiento evoluciona a una velocidad de vértigo donde personas muertas me influyen más que aquellas que me susurran al oído. Quizás nací cuando debí morir, quizás todo lo que debía ser ya no existe. Quizás moriré cuando debí nacer y dejar de ser una extraterrestre paranoica en un mundo incomprensible, carente de estímulos.
Nadie me comprende aunque yo comprendo todo. El universo se configura impúdico bajo mis pies, puedo ver por qué él la quiere, por qué él le ama, puedo ver por qué le odia... y, en cambio, nadie puede saber por qué fluyo, sin atarme a nada, como el agua, sin parar, sin interés, con la frialdad de un suicida...
De un tiempo a esta parte me siento como un punto y final.









